El retrato como un acto de presencia

Un retrato no se trata de posar.
Se trata de estar.

Estar frente a una cámara implica algo más profundo que elegir una postura o una expresión: implica aceptar ser visto. Y en ese espacio a veces incómodo, a veces liberador es donde ocurre lo interesante.

Cada persona que aparece en estas imágenes llegó con una historia distinta. Con ritmos, inseguridades, silencios y fortalezas propias. Mi trabajo no fue imponer una forma, sino crear un espacio seguro donde esa persona pudiera habitarse con honestidad.

Por eso estos retratos no buscan gritar.
No buscan exagerar.
No buscan “gustar”.

Buscan sostener.

Sostener una mirada sin necesidad de explicar nada.
Sostener un gesto que no está actuado.
Sostener la luz de forma que acompañe, envuelva y revele, sin robar protagonismo.

La luz, en estos retratos, no manda. Acompaña.
El fondo no distrae. Contiene.
La pose no impone. Sugiere.

Cada imagen es el resultado de una conversación previa, de observar cómo alguien se mueve, cómo respira, cómo se acomoda cuando deja de pensar en la cámara. Ahí es donde aparece lo real. Ahí es donde el retrato deja de ser una fotografía bonita y se convierte en un reflejo.

Retratar personas no profesionales es un privilegio enorme. Porque no llegan con máscaras entrenadas. Llegan con verdad. Y cuando esa verdad se respeta, el resultado no es una foto espectacular: es una imagen que permanece.

Este conjunto de retratos es eso:
Personas siendo vistas sin prisa.
Sin personaje.
Sin ruido.

Solo presencia.
Solo luz.
Solo humanidad.


Roberto Sacasa

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